La Inesperada Carta de Amor a Uruguay, de un Americano Alojado Durante la Pandemia:

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Querido Uruguay,
Aterricé acá el 25 de Febrero y mi plan era quedarme contigo sólo por un mes.

Mi vuelo de vuelta a New York City estaba en mi agenda para el 25 de Marzo. El vuelo fue cancelado. Tu aeropuerto cerró, y mientras voy escribiendo estas palabras, más de 7 meses después, aún seguimos juntos.

Hoy, te admito que, durante estos últimos 7 meses, me enamoré de vos.

A primera vista, te confieso que me parecía poco probable considerarte un candidato para escribir una carta de amor.

Soy vegano, por lo que no me seduce la selección de carnes de tus parrilladas locales. Tomo muy poco alcohol, por lo que no he degustado mucho de tu vino. Sólo con unos sorbos de café, mi corazón se siente como que va a explotar, por lo que sólo admiro tu cultura del Mate como un espectador.

Pero he visto otras caras que muchos turistas no mencionan cuando te alaban.

Te cuento que, tantas cosas han pasado en mi vida en estos últimos 7 meses mientras he estado aquí, en tus manos.

Como todo negocio pequeño del mundo, el mío sufrió una enorme sacudida e impacto. Todas mis conferencias han sido postergadas o canceladas. Los clientes que nos contrataban para generar contenidos se han visto obligados a hacer enormes recortes. Mi tour por Latino América difundiendo “Uniendo las Américas” fue imposible de realizar. Vos ibas a ser mi primer parada a lo largo de Latino América. Ese era mi plan. Pero este año nos sorprendió a todos con otra realidad.

Estoy a unas 15 horas de avión de mi familia, amigos cercanos, equipo y New York. Me sentí ansioso y nervioso por la gravedad del COVID allá, y por la salud de mis seres queridos. Me sentí estresado por mi negocio. Me sentí culpable por tener que dejar ir personas que han trabajado tanto para mi. Me sentí devastado por la violencia y el abuso de poder que crece en mi ciudad y mi país. Sumado a todo esto, la tierra de mis ancestros, Líbano, literalmente explotó recientemente, otra vez. Tantos sentimientos. He estado sintiendo tantos sentimientos incómodos últimamente.

Pero entonces, otros sentimientos empezaron a revelarse. Cuanto más tiempo paso contigo, más empiezo a reemplazar el deseo de querer controlar lo desconocido con la promesa de concentrarme en disfrutar el momento presente. Cuanto menos me concentré en estar allá, más me permití estar acá. Y cuanto “más acá” me permitía estar, empecé a darme cuenta, que vos Uruguay, has sido como un regalo de la vida para mi.

Te conocí gracias a alguien que amo, alguien importante para mi, alguien que sólo siente un gran orgullo por vos en su corazón.

Una vez ella me dijo, que Uruguay significa literalmente, “Río de los pájaros pintados”. Lo primero que pensé cuando ella me dijo esto fue, “Eso es diferente” Y así sos exactamente…Diferente. Al principio no te entendí. Literalmente. No entendía tu español.

“Sh” acá “Shhh” allá, “Shhhh” por todos lados! Era como estar escuchando otro idioma. Si bien mi padre es Libanés y mi madre es Irlandesa, hablo español de manera fluida. Tuve la suerte de aprender de adulto en un Orfanato en la República Dominicana en el cual viví y trabajé. Los 125 niños con los que viví en esta isla caribeña fueron muy pacientes conmigo mientras aprendía su idioma. Y vos has sido igual de paciente conmigo mientras aprendo el tuyo. A veces incluso me encuentro a mí mismo pensando cuántos sonidos “Sh” puedo meter en una sola oración.

“SHa probaste la parriSHa UruguaSHa?” por ejemplo.

- No, no como carne.
— “¿No comés carne? ¿Estás en Uruguay y no comés carne?” — La gente pregunta sorprendida.

Yo Amo comer. No podés imaginar mi amor por la comida. Hace más de dos años, decidí hacerme vegano por los derechos de todos los animales. Uno de mis miedos más grandes cuando me hice vegano era el “perderme” de las experiencias culturales y sus comidas locales. Para quien no sabe, Uruguay es conocido a nivel mundial por sus “Parrillas”. La gente acá come carne. Mucha carne.

Pero, hay algo especial que está empezando a aparecer en tus propuestas de comida. Compañías de comida a base de plantas, restoranes y marcas están surgiendo cada vez más. Puedo comer todas las cosas típicas de tu cultura en versiones a base de plantas; hamburguesas, chorizos, milanesas, pizzas y chivitos, gracias a negocios como Etosha y Baidewey. Las ferias de verduras del barrio y las tiendas cercanas a granel me permiten evitar el uso de plásticos, además de poder disfrutar el entablar vínculo con los propios dueños. He escuchado sus historias. He conocido a sus familias. Me enorgullece apoyarles, y gracias a ellos, no me hace falta nada. Estoy experimentando una nueva ola de tu cultura y conectando con ella.

Hablando de conexión, quiero agradecerte por ofrecerme una gran variedad de experiencias en tu naturaleza. He explorado todo; desde tus pequeñas “cascadas” y paraíso arbolado de Villa Serrana, hasta las playas de Punta del Este, y tu oasis libre de autos y electricidad en Cabo Polonio. Puede que seas un país pequeño, pero tus opciones de conectar con la madre naturaleza son grandiosas. Incluso en tu Montevideo urbano ofrecés ese respiro de aire fresco gracias a tu extensa rambla y sus atardeceres, donde la ciudad es un telón de fondo.

Gracias a éstas playas en Montevideo, hace unos meses, me uní a un grupo llamado NAF (Nadadores de Aguas Frías) el cuál gracias a unos nadadores apasionados que quisieron seguir moviendo sus cuerpos a pesar de que todas las piscinas cerraron por el Corona. Lo que empezó como un pequeño grupo en Whatsapp, y ahora supera los 100 miembros. Es una de las actividades más disfrutables de las que he participado. Nadar en el agua helada del mar en invierno ha sido de lo más emocionante.

Sin embargo, no es sólo el conectar con la naturaleza bajo este Sol Sudamericano lo que hace esta experiencia especial. Mientras nadamos, frenamos cada tanto nuestras brazadas para mirar a los otros miembros del grupo. Nos aseguramos de que aquellos que recién empiezan estén bien y que todos estén a salvo. Siempre me gustó nadar porque es una actividad “solitaria”, una en la que puedo perderme en mis propios pensamientos, somos sólo el agua y yo. NAF cambió eso.

Siempre supe que si uno quiere encontrar la cultura de un lugar, debe pasar tiempo con su gente. Es la gente, no el lugar, y NAF es un ejemplo perfecto de algo más profundo que me ha quedado claro sobre vos, Uruguay. “Una cultura de cuidado” que puede pasar como algo sutil pero que es profunda y está en tu corazón como país, y en todos aquellos que viven aquí. Sos uno de los pocos, si no es que el único, país en Latinoamérica que no tuvo una cuarentena obligatoria. Sin embargo, tenés una de las cifras más bajas de COVID en todo el mundo. No tuviste que colapsar tu economía, poner multas, amenazar o castigar a tu gente para que hicieran lo correcto. Simplemente hicieron lo correcto.

He sentido esta preocupación y cuidado personalmente, pero va más allá de mi mismo. Tenés un sistema nacional de calidad que abarca salud pública gratis para todos los que lo necesiten. Sos un país que permite a una Señora mayor Venezolana recibir la misma atención y tratamiento que un adolescente Uruguayo. Vos no cerrás una escuela y solamente le deseas “mucha suerte” a tus alumnos, vos te asegurás de que cada niño tenga una laptop y otros recursos. Vos no decidís “que Es o no es Amor”, vos sos uno de los únicos países de Latinoamérica que celebra el matrimonio entre personas del mismo sexo y su amor.

Hace unos años, generé una convocatoria para emprendedores llamada Uniendo Las Américas. Mi objetivo es conectar emprendedores enfocados en proyectos de impacto social con posibles apoyos internacionales y recursos que necesiten para continuar haciendo una diferencia en el mundo. Vos, un pequeño país de tres millones, me ha mostrado el espíritu real de “Uniendo las Américas”. Te he visto abrir tus puertas a inmigrantes de todo el mundo. Te he visto recibirles para que puedan iniciar su negocio, sus familias y reinventar sus vidas. Pueden estar persiguiendo paz o una pasión, o pueden estar dejando un gran conflicto atrás, tú los has abrazado a todos exactamente así como son.

El 16 de Marzo, tu aeropuerto cerró, pero tu corazón amable y compasivo no. El 8 de Abril, ví como ese mismo corazón abrió puerto para aquellos que iban a morir en un crucero en el medio del mar, ya que el 60% de los pasajeros tenían COVID. Luego abriste tus hoteles para recibirlos. Abriste tus hospitales para ellos. Abriste, abriste y te seguiste abriendo. Dando. Ofreciendo. Donde todos los demás dijeron No. Vos dijiste Si.

Es por eso que sin importar si sos Australiano en un crucero con COVID, un Venezolano con un restaurant de 50 metros cuadrados, o un Americano que escribe esta carta. Todos tenemos algo en común; un fuerte vínculo que nos une a este “Río de los pájaros pintados” No importa de donde seamos, lo que vivimos antes de llegar a vos, o lo que hemos vivido con los pies en tu propia orilla…

Vos nos sanaste

Vos nos renovaste

Vos nos sorprendiste

Y más que nada, nos diste algo que todos buscábamos.

Un lugar seguro en el cual aterrizar.

Y en un momento durante el cual todas las almas de este planeta fueron obligadas a distanciarse unas de otras, vos nos uniste, nos cuidaste, nos protegiste, nos amaste.

Vos me mostraste lo que es ser Diferente.

Vos me devolviste la fe en que ser diferente es algo Bueno.

Y por eso, te digo;

Gracias, che.

Espero que continuemos juntos así como empezamos, siempre. Vamo’ arriba.

International Speaker and CEO of a Life in Shorts. Daily Vlogg’in my journey on YouTube @brianrashidglobal. Helping brands of all size tell stories that sell.

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